lunes, 23 de julio de 2012

Melancolía.

Para empezar, me considero optimista. Trato de buscarle a todo su parte buena. Aún así, dejo que la melancolía me ataque involuntariamente. Hay cosas del pasado que extraño, cuando no debería. Déjenme ejemplificar: El año pasado estuve durante mucho tiempo deseando acercarme a una persona, luego de varios meses, lo logré. Fue una de las cosas más bonitas que me pasó en la vida, conocí a una persona que marcó y aún sigue marcando mi adolescencia. Por supuesto que jamás me voy a arrepentir de eso. Lo raro es que hoy se me cruzó por la cabeza aquella época en la cuál no lo conocía, esa época en la cual no sabía más que su nombre. Fue ahí cuando comencé a sentirme melancólica. ¿Por qué? No sé. Ahora estoy mucho mejor, pero sigo extrañando aquello. Quizás sea el hecho de que el tiempo pasa rápido y las cosas cambian, hasta cuando menos te lo esperás. Posiblemente eso sea algo que me inquieta. Los recuerdos, por más lindos o feos que fuesen, me quiebran.